En un tranquilo rincón de los Alpes austríacos, el señor Klaus Wunderhertz realiza una extraña artesanía: con viejos escarbadientes en desuso fabrica esto que estamos viendo,. El ingenio de este simpático anciano le permite aprovechar inclusive los restos de comida, inevitables en los escarbadientes, para completar su obra con árboles, personas e imágenes de increíble realismo. Vemos al señor Wunderhertz sonriendo satisfecho junto a la ciudad de San Fransico hecho solamente con escarbadientes, fruto de 34 años de amor al trabajo, dedicación, paciencia, entrega y dedicación.
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